Cristina Oehmichen: “En México, los espacios abandonados por el Estado son disputados por el crimen organizado”.

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Cristina Oehmichen: “En México, los espacios abandonados por el Estado son disputados por el crimen organizado”.

Antropóloga e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Cristina Oemichen ha delineado su trayectoria investigativa acerca de Pueblos Originarios y perspectiva de género, y desarrollo de la industria turística y su relación y apropiación de la identidad indígena. Actualmente, permanece como investigadora visitante del CIIR en el Campus Villarrica.

 

Cuéntame acerca de las investigaciones que has desarrollado en el campo de la industria del turismo y su vínculo con la identidad indígena

Primero debo remontarme a la época que trabajé en el Instituto Nacional Indigenista, INI. En México, alrededor del 10 % de la población es hablante de alguna lengua indígena. Si somos 120 millones de mexicanos, hablamos de entre 12 y 15 millones de personas que hablan alguna lengua indígena o que, aunque no la hablan, se identifican como indígenas. En el Instituto, a fines de los ochenta y principios de los noventa, nos habíamos dado cuenta de que la población indígena había dejado de estar en sus lugares tradicionales de origen a las cuales se les denomina zonas de refugio indígena, principalmente en zonas rurales y de geografía difícil. Son los lugares a los que fueron arrojados como producto del proceso colonial; zonas inhóspitas, mal comunicadas, de difícil acceso, pero adonde terminaron de llegar en condiciones de pobreza. Nosotros observábamos, en la medida que uno se aproxima a las zonas de comunidades de hablantes indígenas, que se incrementaban problemas como el analfabetismo, la desnutrición, el monolingüismo, muerte materna, infecciones respiratorias agudas, etcétera.

Ya en los noventa podías encontrarte a los indígenas viviendo en las principales ciudades mexicanas, como Ciudad de México, Puebla, Monterey, pero también estaban en Fresno y Los Ángeles, California, y Nueva York. Habíamos visto que a pesar de estar tan dispersos y enfrentarse con otras culturas, muchas de estas comunidades aún mantenían sus vínculos, continuaban hablando sus lenguas y participaban en sus fiestas religiosas. Incluso se veía, por ejemplo, que los niños zapotecos usaban instrumentos de viento y las mujeres tejían hermosos atuendos para los días de fiesta. Pocos de los visitantes sabían que los niños ensayaban en Fresno y las mujeres bordaban en Los Ángeles. Hasta ahora, gran parte del apoyo que reciben las comunidades indígenas proceden de sus migrantes; las remesas son fundamentales, lo que se ha apuntado como una economía política del amor que impide que las comunidades indígenas sucumban ante la falta de apoyo en épocas tan difíciles.

A partir de una investigación de género que realicé, me di cuenta que los migrantes indígenas se estaban dirigiendo a ciudades turísticas; mientras veíamos que en Ciudad de México había hablantes de 46 lenguas diferentes, resultó que Cancún era la segunda ciudad en términos de diversidad lingüística. Hubo una primera oleada migratoria que data de la llegada de personas a emplearse en obras de construcción de caminos, puentes, hoteles, a mediados de los setenta. Construyeron Cancún. Se fueron quedando y levantando el sector popular de la ciudad. Había muchos mayas, pero también gente del centro y del sur. La industria turística demanda mucha mano de obra no calificada y mal pagada. Entra a tallar también la estacionalidad como en el caso de los jornaleros agrícolas. Nos encontramos con que muchos hablantes de lengua indígena entraban a trabajar a los hoteles, los restaurantes, los campos de golf, en actividades de cocina, jardinería, servicio de recámara. A su vez, llamaba la atención como las empresas se apropiaban de la identidad maya con el fin de dar a conocer un producto. Como deben competir con otras corporaciones, estas grandes empresas turísticas ofertan aparte del agua color turquesa y las playas, la cultura maya. Hablamos, por ejemplo, de ciertas interpretaciones que realizan los epigrafistas del calendario maya, aquellas que hablan del fin del mundo; las llevan a las pantallas, a los escenarios, en medio de construcciones faraónicas. En los hoteles ponen réplicas de imágenes que aluden el mundo maya. Se espectacularizan algunas expresiones vistosas.  Se reivindica una identidad indígena a través de la apropiación que realiza la industria turística.

A pesar de que las playas son públicas la población tiene poco acceso a ellas, ya que en medio están los hoteles. Es una forma de privatización del espacio público. Me refiero a cómo el turismo globalizado crea espacios de exclusión, una urbanización sin ciudad. Es un modelo excluyente ya que les impide a los turistas conocer los poblados, abandonar los resorts.

 

¿Hay en México proyectos turísticos donde sean las comunidades indígenas quienes se encarguen de su gestión? Indagado en iniciativas de turismo donde sean protagonistas. Sabemos, por ejemplo, que hay bosques o parques en México que son administrados por comunidades indígenas.

Los hay, pero el apoyo es ínfimo y en absoluto decidido. Ha sido un asunto de jaloneo. Los pueblos se han tenido que organizar para evitar que agentes externos lleguen a talar sus bosques. Es el caso de Cherán, donde la gente se organizó para custodiar las carreteras porque había bandas de gente que se dedicaba a talar los bosques y que además estaban vinculadas con los narcos. Lograron aislar a toda la delincuencia y conservar su bosque. Muchos de estos están en territorios indígenas y las comunidades luchan por protegerlos frente a los inversionistas que en muchos casos están aliados con los gobernantes.

Las comunidades se organizan para atraer el turismo, pero es muy difícil competir con la gran industria. Cuando revisas la folletería preparada en Cancún sobre la rivera maya observas una serie de hoteles, zonas de delfines, pero los poblados donde vive la gente no existen. Son mapas que desaparecen a la población, tanto migrantes como pueblos originarios. Hay proyectos de turismo alternativo que se difunden a través de redes, pero carecen del apoyo suficiente para competir con la gran empresa. Además, las grandes cadenas entregan paquetes que incluyen pasaje, traslados y alojamiento, por lo que los turistas no sienten la necesidad de visitar otros lugares no considerados por la oferta. Cuando quieren salir, la empresa los disuade. Es un modelo excluyente.

A nivel nacional hay otras iniciativas, desde luego; por ejemplo, la llamada “pueblos mágicos”. Las experiencias exitosas están determinadas, primero, porque las comunidades indígenas no dependan exclusivamente del turismo sino que esta sea una entre otras fuentes de ingreso. Hay comunidades que se dedican al cultivo y exportación de café y pimienta y, además, desarrollan el turismo. Tienen una economía diversificada.

 

¿Cuál es el escenario del resurgimiento de las identidades indígenas en México?

Ha habido una situación muy difícil para la mayoría de las organizaciones. Algunas se han enfrentado a realidades muy drásticas debido a la expansión minera, a los emprendimientos turísticos y también a los mega proyectos energéticos. Ha habido un avance sistemático de diversos actores que codician tierras que antes no eran apetecidas. En términos de organización política también ha habido problemas, algunos pueblos son expulsados de sus territorios por el narcotráfico. El principal problema es que hace cerca de treinta años la producción agrícola de campesinos e indígenas se abandonó para dejar a las libres fuerzas del mercado el trabajo agrícola. Se apostó por un trabajo capitalista y los minifundistas perdieron el apoyo para trabajar sus parcelas. Al mismo tiempo, en 1994, México ingresa al tratado de libre comercio con Canadá y los Estados Unidos convirtiéndose en una economía altamente dependiente de la producción de este país. Llegó un momento en que al campesinado no le salía rentable sembrar ya que gastaban mucho en fertilizantes y semillas. Los pueblos indígenas se debaten por su sobrevivencia en condiciones precarias y muchos han tenido que emigrar a las ciudades. Sin embargo, siguen dando sus luchas.

Tú mencionaban el alzamiento zapatistas de 1994. Cuando todos los daban por desaparecidos, resurgieron aunque esta vez sin contar con una presencia mediática similar a la de los noventa. Y hablamos de una nueva generación de zapatistas que no estuvieron en el ‘94 y que se ha educado según nuevos parámetros; jóvenes que nacieron y se criaron en hogares sin problemas como el alcoholismo. Donde las mujeres tienen un lugar más importante en la comunidad.

Hace algunos días, después de veinte años, se reunió el Congreso Indígena. Entre una serie de acuerdos, resolvieron postular para las elecciones presidenciales de 2018 a una candidata indígena. En términos simbólicos, es algo muy importante porque hablamos de una candidata que representa a un sector históricamente postergado y que sufre violencia, la mujer. Es una forma de construir un discurso que rechaza las alternativas convencionales y la privatización de los recursos naturales, incluyendo el petróleo.

 

¿Cómo el Estado mexicano se ha abocado a proteger, a través de distintas políticas, a los Pueblos Originarios?

En el 2003 desapareció el Instituto Nacional Indigenista, el cual era un organismo federal que se encargaba de coordinar las diversas políticas públicas hacia la población indígena. Se argumentó que los indígenas no querían ser tutelados por nadie, que ya habían adquirido su mayoría de edad. Se señalaba también que el INI centralizaba en demasía la elaboración de políticas y que, de allí en más, todas las reparticiones públicas debían contar de forma transversal con un eje que les permitiera atender a los Pueblos Originarios. El resultado es que el apoyo a las comunidades se diluyó en ochenta mil ventanillas y terminó dependiendo del respaldo del Estado particular. México que tradicionalmente había tenido una política de apoyo a las comunidades indígenas, pues ahora nos damos cuenta que es prácticamente inexistente. En cambio, Chile, que no tenía una política ahora sí la posee. El Estado se retiró de la salvaguardia del bienestar social y económico sacando a sus instituciones. Los espacios dejados por el Estado son disputados por empresas privadas, compañías mineras, turísticas y por el crimen organizado.

 

¿Qué proyecto desarrollarás durante tu estadía en Chile?

Dentro de lo que me preguntabas acerca de si pueden haber proyectos alternativos, sí los puede haber con mucho apoyo. En Chile los hay, por ejemplo. Entonces, parte mi investigación es intentar ver cómo hay una serie de elementos que son parte del patrimonio cultural de los pueblos y que pueden ser utilizados por estos para el desarrollo de sus proyectos; cómo resignifican su patrimonio a través de proyectos turísticos que les beneficien a ellos y no a agentes externos.